miércoles, 23 de febrero de 2011

La Feria del libro en Hermosillo



Guillermo Sheridan en su artículo “La lectura en México” plantea: “Años de esfuerzo educativo, de aventar dinero a raudales en bibliotecas, centros culturales, publicidad, cursos, campañas y ferias, premios y becas, ofertas y descuentos, clubes y talleres, mesas redondas y presentaciones… Todo para merecer la sincera respuesta: No, no queremos leer”.

Entendamos, entonces, que se trata de un problema social arraigado en la idiosincrasia del mexicano y en la ineptitud ideológica de las autoridades para cambiar-pese a esfuerzos estériles- la mentalidad y el simple concepto de leer.


La feria del libro en Hermosillo.

La Feria de Libro 2010 será la onceava edición aquí en Hermosillo, poco publicitada-incluso en la página del Instituto Sonorense de Cultura- busca tomar un giro más dinámico, buscar un fomento real pero ¿será posible?

Desde la reubicación del evento, ahora en el parque Francisco I. Madero y el Parque Infantil, antes en Catedral, esta edición parece tener ambiciones más amplias y con mayor visión que sus versiones pasadas. El mayor cambio sea quizás, el giro infantil e interactivo que tendrá. 145 actividades, la mayoría dedicada a los niños para buscar tener su atención.

Comenta María Dolores Coronel, encargada del ISC ”Uno de los objetivos de la Feria del Libro es elevar los índices de lectura y esperamos que en los próximos 10 años se pueda decir que Sonora lee(…)Los niños entrarán al universo de los libros, se pasearán en el tren de la Revolución y conocerán hechos históricos, es importante empezar desde pequeños para que sean buenos lectores”.

El cambio ideológico de la feria del libro cambia para priorizar el futuro, buscar una cultura lectura desde la infancia. Hasta aquí todo bien, pero hay medidas que uno puede cuestionarse. Por ejemplo, Josúe Barrera señala: “A pesar de que México tiene grandes representantes del ensayo, hoy en día es un género poco recurrente. No se publica en todas las editoriales, se difunde poco y se lee aún menos. Una muestra de esto es que el Instituto Sonorense de Cultura en este año decidió abrir la convocatoria de “Cuento para niños” y cerrar la de “Ensayo” en el tradicional concurso del Libro Sonorense debido, quizá, a uno de dos motivos: la poca participación anual, o bien, porque la Feria del Libro de Hermosillo de este año será dedicada a la literatura infantil.”

¿Era necesario cerrar una categoría para abrir otra en pos de reafirmar la intención de la feria? No lo creo. Uno se podría ir por la primera opción que comenta Barrera, pero queda descartada inmediatamente cuando se sabe que en los concursos de poesía del 2008, una categoría con mayor demanda y tradición, sólo se presentaron dos trabajos.

¡Qué infantil eres, Madero!

En aras de potenciar el sentimiento infantil de la feria, se cambió la locación al Parque Madero y al Parque Infantil. Los motivos que da Poly Coronel son” dos parques con los que el hermosillense se siente identificado, son lugares que tienen una tradición para la familia”. Sin embargo, en términos prácticos no ha conseguido su objetivo. Pese a las “ofertas” del Parque Infantil gratuito o las distintas actividades a realizar, la gente no ha respondido ni con asistencia ni se ha dado las ventas esperadas.

Para Juan Carlos Villa, encargado del stand de la Editorial Siglo XXI, el cambio de ubicación no los ha beneficiado: “si bien antes tampoco había una gran respuesta, Catedral era un lugar más céntrico, más concurrido”. En cuanto a las ventas, Juan Carlos comenta: “ viene poca gente y menos nos compra”.

Para Alma Valenzuela, encargada del stand de Quijote y estudiante de la Lic. Literaturas Hispánicas, los lectores en Hermosillo están segmentados. “Quiénes son lectores vienen a comprar dónde quiera que esté la Feria. Lo triste es que sean tan pocos”.

El público que asiste a la feria está dividido. A muchos no les ha parecido la “esencia” de esta edición. Para Abel Duarte, estudiante de la Unison “el hecho de dirigirla a los niños no debía ser restrictivo, es decir, no por ser más infantil se debió haber perdido calidad. Finalmente los que consumimos somos los estudiantes y los adultos”. Esto viene a colación con la severa disminución de sellos editoriales respecto al año pasado.

Sin embargo, otro punto a analizar son los precios de los libros. En el ideario colectivo se establece un paralelismo entre Feria y Tianguis, donde los precios deben ser bajos. La realidad es que las editoriales por norma general mantienen sus precios. Comenta Juan Carlos Villa “así nos dan la lista de precios, en algunos casos sí hay descuentos”.

Cuando el público asiste se topa desilusionado cuando pregunta precios. $165, $225, $ 340. Si la Feria del Libro busca expandirse y producir verdaderos beneficios-tanto monetarios como educativos- debería buscar convenios que realmente ayuden a la economía del hermosillense. Los precios son casi absurdos tomando en cuenta que muchos de los potenciales compradores-al menos en teoría- son estudiantes cuyas necesidades básicas sobrepasan las necesidades artísticas que pudieran tener.

Comenta Ángeles Moreno, subdirectora del IMCATUR que es muy difícil llegar a un acuerdo de rebajas sustanciales con las editoriales y que los fletes hacen que los precios se inflen.


Sonora: donde acaba la cultura y empieza la carne asada

Sonora es el estado que menor presupuesto recibe para la Cultura en todo el país. Podremos buscar justificaciones, excusas y hacer cuánto capricho queramos contra la maldita burocracia chilanga-y sonorense-, pero la frase de Vasconcelos parece perseguirnos como pecado original. Los índices de lectura en Sonora son aún más alarmantes que en el resto del país-2.3, sin el análisis cualitativo- y elevar estos índices es uno de los objetivos de la Feria de Libro con un plazo de 10 años.

Sonora lee, se puede ver en diversos carteles cuando uno va camino al parque Madero-Infantil. A un lado de esos carteles también se puede observar carteles de alguna conferencia de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, casualidad sustancial para ver el nivel. Si a eso le sumamos la casi nula publicidad que se le ha dado al evento, encontramos un problema que potencia la cultura lectora. ¿Cómo querer elevar los índices con una feria si no la publicitan siquiera?

Carlos Moncada en su columna de Crítica del 7 de noviembre, se queja de la silenciosa presentación de la Feria, donde, el gobernador ni siquiera recorrió los pabellones. “¿Para qué?” se pregunta Moncada.

Así, en la onceava edición de la Feria del Libro, se sigue dando tumbos, sin una línea definida-que en la onceava edición empiecen con los niños ya dice mucho- y los problemas estructurales parecen no acabar. Mientras, año con año, parece haber menos público, menos compradores y menos lectores.

lunes, 21 de febrero de 2011

Conceptualicemos y problematicemos



Arte: Actividad humana específica, para la que se recurre a ciertas facultades sensoriales, estéticas e intelectuales.
Consumo: Utilización de un bien para satisfacer las necesidades. El hecho artístico, para que se concrete, necesita de dos partes: El productor artístico y el consumidor.

 Consumo de masas y arte, antaño conceptos casi antagónicos, hoy son indisolubles en una lógica social que tiene espacio para todo. La evolución de la sociedad consumista ha permeado todas las esferas posibles, dice Gilles Lipovetsky en su libro La era del vacío que es la sociedad del consumo y su paroxismo(la sociedad posmodernista) la que han provocado el estrechamiento entre el arte y el consumo masivo quitándole su significado concreto al arte.

El proceso que cataliza el arte como un producto más es la llegada del popart (pop de popular) a finales de la década de los 50's cuya experimentación en materiales y referencias propone una nueva manera de ver el arte y al mismo tiempo una democratización radical donde cada quien puede hacer arte.

Siguiendo con los postulados del sociólogo francés, la suavización en las valoraciones colectivas en todos los campos de la vida han hecho que el arte pierda los límites de su contexto estético-y no juzgo- llevando al arte moderno-y posmoderno- a una libertad infinita, quitándole el aura de sacro, aristocrático(esto se remonta con el inicio de las vanguardias en la primera parte del S. XX) y al alcance de unos pocos. Esta democratización llevada al extremo por la lógica de mercado, ha hecho que el consumo de arte sea como ir a un supermercado: 

En el pasillo 3 tenemos a Picasso, Juan Gris y otros cubistas.
En el pasillo 5 tenemos a Monet y los impresionistas.
En el pasillo 8 tenemos literatura moderna.
En el pasillo 13 tenemos la saga de Twilight.

El arte ya no está regulado por códigos meramente estéticos sino de valor económico.La calidad artística no supone nada, lo que vende es lo que gana.

Para Camille de Toledo,intelectual francés, el arte sólo designa una identificación con la cual pertenecer. Los gustos se supeditan a la pertenencia grupal. Camisetas con grupos de música,posters de personajes de cine, frase de algún libro, pin-ups de algún pintor o bohemio. El arte funge omo una herramienta más en la socialización individual. La explotación del arte en nuestra sociedad consumista lo hace entrar en una espiral de contradicciones insuperables, la democratización crea una paradoja gigantesca(Lipovetsky, 1984).

Tal vez sea Warhol el epítome del artista actual, su frase " Un buen negocio es el mejor arte" es la constancia de los nuevos tiempos. Consumo y arte, términos ya inseparables.

 Imagen sacada de http://lacenleather.wordpress.com
Paradox Warning

Retomemos la frase de Gilles Lipovetsky: "la democratización crea una paradoja gigantesca". El hecho de que el arte sea extensivo para todos no significa que gane en calidad. Incluso, es lo contrario. El consumo instántaneo del arte, el exceso de ofertas-en productos- crea un vacío de interés en el público general.  

"El arte en nuestra cultura-dice Bares- es visto como algo aún lejano a pesar de que lo encontramos en cualquier supermercado, hay una percepción nutrida por la ignorancia que no hace una separación entre arte y espectáculo".

Entendamos pues, que el consumo del arte, a pesar de ser un medio de distinción personalizada no se comprende con su verdadero significado. Hay un fenómeno paralelo al consumo masivo del arte que es el de banalización del producto artístico, ya no significa el mensaje del autor o del espectador, sino que conlleva un signo social mucho más burdo: una identificación sin ton ni son para designar grupos sociales, tribus urbanas o demás manifestaciones carentes de un sentido.

Bibliografía:

Lipovetsky Gilles, La era del vacío, Ed. Anagrama, ed. 2010
Toldedo Camille, Punks de boutique, Ed. Almadía, ed. 2008
Bares Mauricio, Posthumano; la vida después del hombre, Ed. Almadía, ed. 2007